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Querido 2016…

Querido 2016,

Antes de comenzar a escribir esta entrada, quería despotricar sobre lo horrible que fue este año, todo lo que había perdido y las oportunidades que no tomé. Que lo negativo sobrepaso lo bueno y que el 2016 iba ser recordado como el peor año en la historia del mundo. Luego de cinco páginas, dos días de reflexión y darle vueltas al asunto, me di cuenta de que a pesar que lo negativo sobrepasaba lo positivo, lo positivo siempre tiene más peso.

El comienzo de este año para muchos, incluyéndome, fue un comienzo incierto. Factores económicos como el costo de petróleo y comestibles, el aumento de impuestos al igual que situaciones políticas estaban comenzando a revolcar la incertidumbre en la isla. Muchos puertorriqueños estaban abandonando la isla que los vio nacer con tristeza en sus corazones, debido a la falta de un buen trabajo que pudiera mantener una familia. Brincar el charco o ser parte de la milicia sigue siendo una de las opciones más marcadas para nuestros jóvenes, luego de años de estudio y dedicación. Lo cual nos lleva a los factores emocionales.

Saber que en par de meses te vas a graduar y saber que no conseguirás trabajo en lo que estudiaste es una realidad fuerte para muchos. Quizás por la ignorancia y falacia de generaciones que dicen “estudia para que tengas un buen trabajo”, lo cual se entiende que serás un empleado toda tu vida o mejor dicho un esclavo del sistema. No hay nada de malo en comenzar desde abajo, de esa manera te desarrollas, ganas experiencia y sabiduría. Pero, el puertorriqueño o a la gran mayoría, le gusta la cosa fácil. Vivimos en un tiempo en donde todo tiene que ser al momento y si te graduaste y no tienes un trabajo que te dé para una mansión o un Mercedes Benz, decides quitarte y buscar otras alternativas más sencillas. Ese “limbo” emocional, que atasca a la gente y las ciega a oportunidades que pueden cambiar el rumbo de sus vidas.

Enero paso a febrero, cumplí mis 23 años, murieron famosos que de alguna manera u otra tocaron el corazón de muchos, DiCaprio ganó un Oscar y se viró la tortilla. Estados Unidos ya no era la nación poderosa que los puertorriqueños solían venerar, ahora vemos como se destruyen entre ellos mismo por elegir a un presidente que sea el “menos” malo. Problemas y más problema surgían en el mundo entero, terremotos, catástrofes, violencia de todas clases seguían en aumento.

Llego marzo, abril, mayo y luego de muchas crisis emocionales la segunda mitad del 2016 comenzó, ya me había graduado. Me fui de vacaciones con la familia y aun estando sentada con una vista hermosa en una playa de San Martin, lejos de los problemas de mi país, me sentía ansiosa y pensativa. El verano fue uno raro y más raro aun ¡no me metí ni una playa estando a solo pies de ella! Deje a un lado esa intranquilidad y comencé a trabajar. Entre todo el ajetreo que mi trabajo demandaba, me di cuenta de que quizás las cosas no estaban tan malas como la gente decía y entre medio de una selva de pensamientos comencé a ver un camino.

Decidí dejar de ver televisión, dedicar menos horas al Netflix y comencé a dedicar mi valioso tiempo a cosas que me gustaban, pero que no podía disfrutar debido a la universidad. La lectura y la escritura, dos cosas que me apasionan y las había dejado a un lado, volví a retomarlas. Comencé a dedicarle más tiempo a mi arreglo personal, empecé hacer ejercicio y mientras iba cambiando todas esas cosas en mi diario vivir, me daba cuenta de que las personas a mi alrededor seguían estancadas en un mundo repetitivo. Trabajar, comer, dormir, trabajar, comer dormir…la gente se estaba pasando la vida haciendo lo mismo, una conducta colectiva viviendo una vida de fantasía. Donde las necesidades fundamentales del ser humano, desde las primarias que son las de subsistencia, hasta las más complicadas como  la autorrealización, no estaban siendo cumplidas. Es ahí donde comprendí cuál era el problema.

Todo ser humano necesita satisfacer sus necesidades, desde las más elementales como comer, dormir, afecto, además de aceptación en lo personal y social. La aceptación y valoración es una necesidad EXISTENCIAL en el ser humano. ¡El ser humano depende de un desarrollo pleno a unas necesidades físicas, biológicas y emocionales para poder sobrevivir! De no ser así, las limitaciones a las mismas reflejan en las personas conducta hostil, baja autoestima, sentido de inadaptación, entre otras. Es por esta y otras razones que decidimos echarle la culpa al gobierno actual y elegir a ciertos individuos con complejo de Dios, como próximo salvador entrante. Una triste situación que lleva generaciones atascada a nuestra educación y que va arraigada de muchas situaciones no solo en nuestra isla y cultura, sino en el mundo entero.

La culpa de nuestros males no la tiene Donald Trump ni Brad Pitt ni Angelina, ni Maripily o Tito Kayak, la tenemos nosotros como seres “pensantes” e individualista. Nosotros que preferimos ignorar al prójimo, colocarnos unas gríngolas y caminar al nuevo “mall”, ignorando nuestros problemas sociales. Nuestra realidad no la va a cambiar ninguna persona externa, excepto tú.

¿Cómo? En primer lugar, aceptando nuestros males. Las excusas no te llevan a ningún lado, solo existen para defender patrones de conducta negativos que cuando no se trabajan a tiempo se convierten en un mal social. En segundo lugar, busca ayuda profesional. Cuando te duele la garganta vas a un doctor, entonces, ¿Por qué cuando tu situación emocional no es la mejor no vas a un psicólogo? Tenemos que dejar a un lado ese estigma social, ese miedo inaudito a buscar nuestro bien emocional, nuestra felicidad.

Yo no tengo miedo de decir que en mi último semestre universitario visite un psicólogo. Al contrario, le estoy sumamente agradecida, porque debido a esto pude conocerme mejor, encontrar un trabajo al cual amo y me permite tener experiencias extraordinarias cada día, tengo mejor relación con mis seres queridos, tengo tiempo para mí y puedo hacer cosas que nunca imagine llegar hacer. Por ejemplo, comenzar a coser, trabajar en la industria de la moda, escribir una novela y ¡hasta tener un blog con mis dos mejores amigas!

No hay manera de decirlo en palabras bonitas. ¡Tú eres tu propio enemigo, tú eres el único que estas entorpeciendo tus metas y tu éxito! Si quieres algo tienes que trabajar duro para obtenerlo. ¡Necesitas hacer sacrificios! Tienes que seguir adelante aunque el mundo esté en tu contra, aunque tú mismo estés en tu contra, porque esa es la única manera en la que llegarás a lograr lo que deseas.

Aquí estamos, a solo un día para que comience el 2017 y puedo decir que en lo personal, me siento satisfecha con mis logros. Me tome 3 días para escribir esto y editarlo de una manera radical debido a que les quería mostrar que a pesar de todo lo que hemos perdido, podemos resurgir entre las cenizas como el fénix.

Los cambios no se dan de la noche a la mañana, tiene que haber una meta que te motive a cambiar tus hábitos de vida. En mi caso, me di cuenta a tiempo, además de que tengo una familia que me ama, amistades que son como ángeles y una pareja que me apoya en todo lo que me proponga. Al principio no todo era así.  Tuve que hacer muchos cambios y muchos sacrificios para llegar a donde estoy  y todavía me falta muchísimo camino por recorrer.

Podría tomarme páginas para mencionar a todas las cosas y seres queridos que perdí este año, pero no vale la pena llenar nuestras mentes de negatividad excesiva. Recordaré el 2016 como un año de crecimiento, de obstáculos que me han forjado en carácter, razón y pensamiento y por las personas que han servido de modelo. Lo recordaré como el año en el que pude utilizar mis mayores fortalezas como también mis mayores debilidades a mi favor. Que a pesar de que el mundo te diga que no se puede hacer, tienes  que seguir luchando contra la corriente hasta conseguir lo que quieres. No es por vanidad, simplemente hay que seguir adelante, con dolor en el alma, pero con la frente en alto. ¡Y por todo esto, estoy más que agradecida!

Te invito a ti, dama o caballero que está leyendo este mensaje, a darte una nueva oportunidad. Años difíciles seguirán llegando, pero está en ti, decidir utilizar lo que has aprendido como motivación para cambiar el rumbo de tu vida (a pesar del huracán de negatividad que nos rodea) o quedarte en tu zona de confort y seguir quejándote dentro del mismo huracán y no hacer nada.

Recuerda que sin motivación, no hay sacrificio. Sin sacrificio no hay disciplina y sin disciplina no hay éxito. ¡Muchas felicidades! Y que este nuevo año sea uno lleno de posibilidades y felicidad, para ti y para el mundo.

Photo of the Remarkables mountain range in Queenstown, New Zealand.

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